…. no pudo retroceder…
incontables eran las veces que había sentido el miedo en su
piel; innumerables las veces que sintió la
sombra de la muerte caminando hacia él para despertarlo del
sueño profundo, quieto; en tiempos
pasados había tenido la misma taquicardia destructiva que sintió en ese momento.
Ya había vivido lo que iba a ser su muerte, pero nunca pensó
lo doloroso que esto iba de ser. Ella estaba a su lado, desolada, aturdida, vacíamente
triste. Lo miró, mas no pudo ver lo tarde que se hacía cada vez que sollozaba
su nombre.
Dejó de lado la dureza y sufrimiento de su rostro, y dibujó
una sonrisa infortunadamente serena, feliz. Ese era su ultimo regalo… ya estaba
dando el primer paso a su viaje infinito…