Caminando por el sendero encontró un trozo de papel tirado
al lado de una roca vieja y gastada,
el papel no era nada más que un pedazo de algún antiguo
libro, pensó.
Así que siguió su camino.
Al día siguiente encontró el mismo papel unos kilómetros más
adelante que la roca gastada por el viento.
Extrañado, miró el papel que bailaba de una forma singular,
era como si le quisiera hablar.
Paró su paso agitado, y recogió el pequeño trozo papel.
Cuando terminó de examinarlo lo tiró desilusionado… no había
nada en él.
Más el hombre no fue lo suficientemente cauteloso en su examinar.
El papel no era solo un trozo de hoja de un libro roñozo,
en él estaba escrito el esbozo de felicidad que la vida le ofrecía.
Aquel que por no detenerse en su rápido caminar, pasa por alto lo
más importante…
la sabiduría para encontrar la felicidad...