martes, 6 de marzo de 2012

esperar a aprender a esperar ...


En el jardín dejó escondida la mitad de su alma,
la mitad de su vida, guardada entre espinas y malezas
floreciendo entre la tierra húmeda y fértil.
Allí creció, junto a la noche que caía fuerte, quieta,
noche que calmaba su paso incesante, con mano dulce y serena.
El jardín se secó y floreció, se secó y floreció,
y su alma vagó por los recónditos verdes y amarillos, esperando,
esperando a que los días de a gotas se dejaran sentir…
…hasta que una noche pequeñas gotas se dejaron caer en el jardín…
…buscó en la tierra ya húmeda, mas encontró sus manos vacías sin nada que ofrecer…
No había nada más que un pequeño brote que con timidez dejaba ver su retoño… una flor simple, extraña, única…  la espera había valido la pena…