(..) y desperté entre
las nubes,
mi boca cerrada y mis
ojos tapados me invitaron a imaginar lo inimaginable.
¿Dónde estaba?, en ese momento era una pregunta difícil de
responder,
solo sentía el sutil paso del viento entre las hojas del cielo
y la presencia de “alguien” extrañamente conocido para mi;
quien desprendía una serenidad implacable, desbordante.
Estoy consciente que pude reconocerlo, mas hoy no recuerdo su bondadosa mirada,
su magnífica existencia.
Espero volver a ver su rostro cuando mi corazón se haya cansando de contar los pasos que ha dado en la vida, y mis pulmones quieran respirar un aire distinto al de esta tierra.