Un día cualquiera una amiga me dijo: “Sabes, hace unos años atrás
me costaba hablar, era extraño. Cuando quería dar mi opinión sobre algún tema,
por muy trivial que fuese, no era capaz de emitir comentario alguno. Era tan
molesto, que llegaba al punto de no reconocer mi propia voz, mis propios
pensamientos”.
Le pregunté: Y, ¿Cómo lo hiciste para superarlo?
Ella me respondió: “Creo que aun no lo he superado del todo,
pero por lo menos ahora sé como es el sonido de mi voz”
Reflexión: a veces no somos lo suficientemente valientes
para defender nuestros valores, nuestros pensamientos o una simple idea que nos
invada la mente. Es imperante desarrollar el coraje necesario para mostrarnos tal cual
somos. No permitas que tu vida sea conducida por ninguna otra persona
que no seas tú mismo.